Hablar del Diablo -o de Dios- supone distinguir de inmediato dos planos distintos y absolutamente diferenciados. Uno, aquél en el que se plantea la pregunta por la existencia real de ambas entidades; existencia en el entido en que usamos ese concpeto para referirnos a los objetos y entes del mundo físico. En este orden de cosas, mi respuesta es rotundamente negativa (no meramente escéptica): sostengo que-en la acepción antes señalada del término «existir»- ni Dios ni el Diablo existen. Advertir al lector, desde ahora mismo, que el presente ensayo se mueve en posiciones radicalmente materialistas y ateas, no es algo, después de todo, que esté fuera de lugar.
Y, sin embargo, el Diablo existe; pero existe -lo mismo que Dios; y este es el segundo plano al que antes me refería- como fenómeno presente en la historia de la religión. Existe como existen Osiris e Isis, Ahriman y Ormuz, Zeus y Apolo. Y, sin duda, la presencia de tales seres en la fenomenología religiosa es algo que debe ser explicado opr una filosofía de la religión que pretenda ser tal. Porque, en efecto, sólo esta segunda forma de preguntar por el Diablo -o por Dios- nos introduce en el campo de la Filosofía de la religión, en tanto que la primera perespectiva nos remite, en cambio, al ámbito de la Ontología.
Satán, la otra historia de Dios. Libro de tapa blanda, 258 páginas.
Pentalfa Ediciones, Oviedo, 2013.
Esta obra recoge un conjunto de ensayos sobre el Mito del Héroe en el Western, elaborados desde las coordenadas teóricas del Materialismo filosófico, para el que los mitos no son saberes irracionales o previos a un pretendido Logos racional. La Mitología tiene su propia lógica, aunque ésta no sea exactamenta lde del rígido Estructuralismo de Lévi-Strauss y sus discípulos.
Así pues el Cine es un Arte (no una ciencia) y el Western, en concreto, despliega un curso esencial mitológico que da cauce a la evolución ideológica del imperio estadounidense en su proyección social y política.
En este texto polémico y radical, se propone una teoría filosófico-política del Estado y el Imperio que rechaza los cánones y mitos ideológicos de la teología liberal-moderna, de raíz moral protestante, implantada en todo el Occidente durante los dos últimos siglos, y que ha dado lugar a multitud de corrientes, sean de «derecha» o de «izquierda». Sobre las bases del realismo político y del materialismo filosófico (Baruch Spinoza, Gustavo Bueno), el autor emprende una crítica que se dirige contra las concepciones teóricas formalistas, idealistas y subjetivo-individualistas de la Contemporaneidad, e incluso alcanza a parte de la doctrina realista-materialista. En el contexto de grandes cambios mundiales que hoy se avizoran, los pueblos de civilización hispano-latina y ruso-bizantina se hallan en una encrucijada existencial crítica, sobre todo por la amenaza de desintegración político-moral que representa la totalización imperial-liberal anglosajona. Demasiado extensas para ser ignoradas, y demasiado divididas para alzarse con voz unitaria, las Españas y las Rusias, más parecidas entre sí que al resto del mundo, constituyen hoy no sólo un objeto principal de la filosofía de la historia; también un problema fundamental del presente geo-político. Este ensayo realiza un recorrido a través de las teorías políticas e internacionalistas, el pensamiento público de hispanos y rusos, la formación histórica de sus imperios y su caída, y las grandes cuestiones del mundo político actual en base a las dimensiones del poder soberano (inviabilidad de la UE, depredación liberal-capitalista, disolución socio-moral, separatismo, etc.), hasta el capítulo final, en que se aborda proyectivamente el problema político hispano-ruso y se discuten de forma razonada las vías hipotéticas de su (re)solución, que para los pensadores contemporáneos resultarán muy controvertidas. ¿Reconstitución política de los pueblos hispanos y rusos? Para el autor, esto es altamente improbable, mas no imposible.
Los dioses olvidados es un ensayo de Filosofía y más precisamente de Antropología filosófica y de Filosofía de la Religión; ensayo elaborado desde las coordenadas y con los instrumentos del materialismo filosófico de Gustavo Bueno. En este libro se concluye que el toreo es, esencialmente, una ceremonia religiosa, por más que el ámbito lúdico y profano en el que se manifiesta haya acabado por ocultar el contexto religioso del que brota. La conclusión, que acaso a primera vista pudiera sorprender al lector, es que lo que parece ser un debate sobre la ética, no lo es en realidad, ni podría serlo tampoco, sino un enfrentamiento que, en rigor, tiene más que ver con la religión que con la ética en cuanto tal.
Gustavo Bueno fue nombrado, en virtud de oposición, primer catedrático numerario de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos” de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo, por orden de 18 de abril de 1960, incorporándose a esa universidad en junio de 1960, tras haber ejercido desde 1949 en Salamanca como catedrático de filosofía en el Instituto Nacional de Enseñanza Media “Lucía de Medrano”.
Ese decreto dejaba previstas cátedras de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos” en diez de las doce universidades españolas entonces dependientes del Estado (en Murcia y Barcelona esas disciplinas las cubrirían el catedrático de Cosmología y el de Estética respectivamente). En Oviedo se había convocado en 1942 la oposición para cubrir una cátedra de “Introducción a la Filosofía”, pero, aunque se nombró tribunal, no se celebraron los ejercicios: en mayo de 1945 se abrió nuevo plazo, ya renombrada tal cátedra como “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos”, que por demoras locales interesadas no se resolvió hasta 1960.
En junio de 1973, decimotercer gobierno del general Franco, un Julio Rodríguez equivocado (Rector de la Autónoma de Madrid: parece que se quería nombrar al homónimo Rector de Salamanca, pero se difundió la biografía errónea…) se convierte en ministro de Educación y Ciencia: molesto porque los presupuestos anuales no coincidieran con los cursos universitarios, dispuso que éstos comenzasen en enero y no en octubre. “Julito el breve” fue sustituido el 3 de enero de 1974, antes de iniciarse las clases del único curso del “calendario juliano”. Pero durante ese ministerio se publicó en septiembre de 1973 una resolución que reorganizaba las Facultades de Filosofía y Letras en tres divisiones: Geografía e Historia, Filología, y Filosofía y Ciencias de la Educación; partía los cinco cursos de las licenciaturas en dos ciclos, y prescribía como materia común obligatoria del primer ciclo una “Historia de la Filosofía” en la División de Geografía e Historia, y una “Filosofía” en la División de Filología. (En la Universidad de Oviedo la División de Filosofía y Ciencias de la Educación no comenzó hasta el curso 1976-77, en Gijón, villa natal del entonces ministro del ramo.)
De manera que Bueno, catedrático desde 1960 de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos”, no tuvo que impartir hasta 1974 una asignatura rotulada “Historia de la Filosofía”. Comenzó a escribir La metafísica presocrática en el otoño de 1973, preparando las lecciones de aquel primer curso universitario, en Oviedo, de una “Historia de la Filosofía”, y dejó sentadas de manera firme las sólidas bases de una historia filosófica de la filosofía, dos años después de los Ensayos materialistas.
Ver en el sitio de Fundación Gustavo Bueno.
Ver en el sitio de Helicón.