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- Gustavo Bueno, El puesto del Ego trascendental en el materialismo filosófico.
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ACTAS DE LAS II JORNADAS DE HISPANISMO FILOSÓFICO (26-27 OCTUBRE 1995)
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Evaristo Álvarez Muñoz (1958) es licenciado en geología y filosofía, y doctor en filosofía por la Universidad de Oviedo. «Filosofía de las ciencias de la tierra pretende ser una investigación en filosofía de la ciencia dedicada especialmente a la geología. La práctica de las distintas ciencias, así como el papel de las observaciones y de los experimentos varían notablemente según los campos científicos. Pocos filósofos de la ciencia sostendrían hoy en día la existencia de un método científico universal aplicable por igual a cualquier actividad científica. En consecuencia, la filosofía de la ciencia, y especialmente la que se dice materialista, debería trabajar en el estudio de las distintas ciencias particulares antes que hacerlo a partir de conceptos generales a priori como la misma idea de ciencia. Esta perspectiva pluralista de las ciencias no sólo se muestra más fértil, sino que evita incurrir en los enormes errores a que están abocadas reflexiones de corte unitarista.»
Gustavo Bueno publicó los primeros esbozos de esta concepción de las ciencias a principios de los años 70. Durante las décadas de los 70 y 80, diversas contribuciones determinaron una considerable ampliación y consolidación de la teoría, por medio del análisis gnoseológico de múltiples disciplinas particulares.
Pentalfa Ediciones, al asumir la edición de los volúmenes de esta obra, consciente de lo adverso que es nuestro colonizado entorno a toda filosofía en español, recuerda las palabras del autor: «... la mayor potencia de una teoría de la ciencia respecto de las otras, no se mide tanto por el número de adhesiones o ventajas burocráticas que haya alcanzado en un momento dado, sino por la mayor capacidad para analizar, en cada caso, una ciencia o una parte de una ciencia dada.».
Luis Carlos Martín Jiménez, desde las coordenadas del materialismo filosófico, ofrece en este libro un análisis filosófico sobre la esencia del Derecho.
La distancia entre lo que "es" y lo que "debe ser" se determina por las normas, pero al distancia entre lo que "son" las normas y lo que "deben ser", requiere determinar parámetros que permitan su evaluación y modificación permanente. Hay parámetros teológicos, cosmológicos, racionales, ideales, utilitarios &c., que a modo de fundamentos fijos y externos a la práctica jurídica, ocultan su esencia, lo que aumenta la distancia entre lo que el jurista hace y lo que piensa que hace, confundiéndole y dificultando su labor. Desde una filosofía materialista del Derecho se explica cómo se conjugan hechos y normativas desde un núcleo jurídico cuya praxis ordena y mantiene activas las sociedades políticas que miran a un mundo en permanente cambio.
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Carlos Linneo (1707-1778) ocupa, sin duda, un lugar destacado entre los clásicos de la historia de la biología y continúa siendo una referencia inexcusable a la hora de discutir los problemas relativos a las clasificaciones biológicas. Tradicionalmente se ha considerado a Linneo como el paradigma de la biología esencialista y fijista, anclada firmemente en el aristotelismo y en la escolástica: efectivamente las obras de Linneo anteriores a 1753 ofrecen gran cantidad de textos que explícitamente avalan esta interpretación, de modo que no es difícil entender las razones por las que el célebre botánico sueco ha llevado siempre asociada la etiqueta del fijismo.
Sin embargo, al autor de este libro sostiene que es posible hablar de una evolución del pensamiento de Linneo, evolución que habría venido, de algún modo, forzada por los propios materiales con los que tuvo la oportunidad de trabajar. Según esto, las obras de Linneo posteriores a 1753 se habrían ido alejando de los planteamientos escolásticos que, sin duda, estaban presentes con anterioridad: los géneros anteriores, propios de un sistema de clasificación descendente (que va de lo general a lo especial), habrían dejado paso a géneros posteriores, asociados a una vía de clasificación ascendente (que parte de las especies para construir los géneros); el sistema de denominación esencialista porfiriano habría resultado desbordado por la propia variedad de los especímenes y habría conducido a la nomenclatura binomial; por último, la tesis sobre el carácter primitivo y fijo de las especies habrían dejado paso a concepciones en las que la hibridación, gobernada por las leyes de la Naturaleza, sería la responsable de las especies actualmente presentes. En este sentido, el autor de este ensayo estudia las condiciones que llevaron al propio Linneo a desbordar el marco conceptual tradicional, con el objeto de rectificar el tópico simplista de un Linneo fijista escolástico y hacer así mayor justicia a la complejidad de su obra. De este modo, se contribuye a hacer más inteligible el hiato entre las taxonomías de inspiración escolástica y el transformismo y evolucionismo posteriores.