Gustavo Bueno fue nombrado, en virtud de oposición, primer catedrático numerario de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos” de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo, por orden de 18 de abril de 1960, incorporándose a esa universidad en junio de 1960, tras haber ejercido desde 1949 en Salamanca como catedrático de filosofía en el Instituto Nacional de Enseñanza Media “Lucía de Medrano”.
Ese decreto dejaba previstas cátedras de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos” en diez de las doce universidades españolas entonces dependientes del Estado (en Murcia y Barcelona esas disciplinas las cubrirían el catedrático de Cosmología y el de Estética respectivamente). En Oviedo se había convocado en 1942 la oposición para cubrir una cátedra de “Introducción a la Filosofía”, pero, aunque se nombró tribunal, no se celebraron los ejercicios: en mayo de 1945 se abrió nuevo plazo, ya renombrada tal cátedra como “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos”, que por demoras locales interesadas no se resolvió hasta 1960.
En junio de 1973, decimotercer gobierno del general Franco, un Julio Rodríguez equivocado (Rector de la Autónoma de Madrid: parece que se quería nombrar al homónimo Rector de Salamanca, pero se difundió la biografía errónea…) se convierte en ministro de Educación y Ciencia: molesto porque los presupuestos anuales no coincidieran con los cursos universitarios, dispuso que éstos comenzasen en enero y no en octubre. “Julito el breve” fue sustituido el 3 de enero de 1974, antes de iniciarse las clases del único curso del “calendario juliano”. Pero durante ese ministerio se publicó en septiembre de 1973 una resolución que reorganizaba las Facultades de Filosofía y Letras en tres divisiones: Geografía e Historia, Filología, y Filosofía y Ciencias de la Educación; partía los cinco cursos de las licenciaturas en dos ciclos, y prescribía como materia común obligatoria del primer ciclo una “Historia de la Filosofía” en la División de Geografía e Historia, y una “Filosofía” en la División de Filología. (En la Universidad de Oviedo la División de Filosofía y Ciencias de la Educación no comenzó hasta el curso 1976-77, en Gijón, villa natal del entonces ministro del ramo.)
De manera que Bueno, catedrático desde 1960 de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos”, no tuvo que impartir hasta 1974 una asignatura rotulada “Historia de la Filosofía”. Comenzó a escribir La metafísica presocrática en el otoño de 1973, preparando las lecciones de aquel primer curso universitario, en Oviedo, de una “Historia de la Filosofía”, y dejó sentadas de manera firme las sólidas bases de una historia filosófica de la filosofía, dos años después de los Ensayos materialistas.
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Obras completas de Gustavo Bueno, 9. La metafísica presocrática. Libro de tapa dura, 448 páginas.
Pentalfa Ediciones, Oviedo, 2025.
Luis Carlos Martín Jiménez, desde las coordenadas del materialismo filosófico, ofrece en este libro un análisis filosófico sobre la esencia del Derecho.
La distancia entre lo que "es" y lo que "debe ser" se determina por las normas, pero al distancia entre lo que "son" las normas y lo que "deben ser", requiere determinar parámetros que permitan su evaluación y modificación permanente. Hay parámetros teológicos, cosmológicos, racionales, ideales, utilitarios &c., que a modo de fundamentos fijos y externos a la práctica jurídica, ocultan su esencia, lo que aumenta la distancia entre lo que el jurista hace y lo que piensa que hace, confundiéndole y dificultando su labor. Desde una filosofía materialista del Derecho se explica cómo se conjugan hechos y normativas desde un núcleo jurídico cuya praxis ordena y mantiene activas las sociedades políticas que miran a un mundo en permanente cambio.
Durante los veranos de los años 2005 a 2009 preparó Gustavo Bueno cinco libros que la editorial Temas de Hoy, del Grupo Planeta, publicaba durante el otoño (España no es un mito, Zapatero y el Pensamiento Alicia, La fe del ateo, El mito de la derecha). Algunos de los asuntos de esos libros fueron sugeridos por la editorial; el escrito durante el verano de 2009 fue propuesto por el autor: Corrupción democrática. Democracia y corrupción. Bajo ese rótulo quedó mecanografiado el primer borrador en septiembre. Pidió entonces la editorial que se modificase el título, pues podría espantar al público de librerías, de manera que en su primera revisión, a finales de septiembre, ya se había renombrado el libro como El hedor de la democracia (democracia y corrupción). Pero como el término hedor también podía herir, al parecer, a quienes mercan libros, propuso entonces Bueno que se titulase, más poéticamente, El perfume secreto de la democracia (así la versión de 4 de octubre), que tampoco pareció suficientemente comercial. El texto definitivo entregado a la editorial, a finales de ese mes, llevaba como título El fundamentalismo democrático, con el que llegó a las librerías el 13 de enero de 2010 con subtítulo puesto por la editorial, La democracia española a examen. En esta edición, que conforma el tomo quinto de la Obras completas, mantenemos el nombre por el que se conoce esta obra aunque recuperamos el subtítulo que inspiró su composición, Democracia y corrupción.
En el capítulo 12 de El fundamentalismo democrático trata Bueno de la degeneración del principio de independencia del poder judicial, que ejemplifica con el caso de un juez corrompido por el complejo de Jesucristo, por lo que resultaba conveniente ofrecer en este tomo el rasguño que en septiembre de 2008 dedicó a juez tan divina como humanamente acomplejado.
Se completa este tomo quinto con otros dos rasguños publicados en El Catoblepas, íntimamente relacionados con el asunto del libro: «Corrupción & Crisis» (febrero de 2013) y «Las Ideas fuerza de fundamentalismo democrático y contrafundamentalismo democrático» (julio de 2014). En la página dedicada a este libro en el sitio de la Fundación Gustavo Bueno podrá el lector encontrar recopiladas varias entrevistas y algunos vídeos en los que el autor trata de esta obra.
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La inteligencia artificial está transformando la faz del mundo a un ritmo acelerado. A los programas que juegan al ajedrez mejor que cualquier campeón humano, los asistentes virtuales, los coches autónomos y los sistemas de traducción automática, reconocimiento facial o diagnóstico médico, se han sumado los sistemas generadores de texto, imágenes o sonido, con la entrada en la era de la inteligencia artificial generativa.
Pero, ¿es la inteligencia artificial una ciencia?¿Es ChatGPT realmente inteligente? ¿Comprenden los enormes modelos de lenguaje el significado de las palabras que emplean? ¿Pueden las máquinas llegar a sustituir a los médicos o los ciéntificos de carne y hueso?
Este opúsculo reúne respuestas a estas y otras preguntas. Frente al tsunami de opiniones que diariamente se vierten sobre la inteligencia artificial, se ensaya una filosofía de la inteligencia artificial desde las coordenadas del materialismo filosófico, articulada en tres partes: gnoseología, ontología y tecnoética. El resultado es una obra que contiene un tratamiento sistemático del campo de la inteligencia artificial.
Abre este volumen un conjunto de reseñas escritas por Bueno a partir de 1946, prácticamente todas ellas para la Revista de Filosofía publicada por el Instituto de Filosofía «Luis Vives» del CSIC. Las primeras de estas reseñas constituyen también los primeros textos de Bueno de los que tenemos noticia y forman parte de su etapa como becario del CSIC en Madrid, período en que desarrolla su tesis doctoral sobre La filosofía de la religión. Fundamento formal y material de la moderna filosofía de la religión, que está fechada el 7 de abril de 1947. A pesar de ser textos breves, asoman en algunos de ellos pequeños apuntes filosóficos que no conviene pasar por alto: el papel del cartesianismo en la historia de la filosofía moderna, las relaciones entre filosofía y literatura, el alcance de la teoría del conocimiento tomista, el problema de la fundamentación lógica de las matemáticas, &c. De todas formas, el principal valor de estas reseñas consiste en ofrecer una muestra del tipo de lecturas que realizaba su autor en esos años. Por ello es interesante constatar el uso que hace Bueno en sus obras de juventud de algunos de los textos que previamente había reseñado. Así, por ejemplo, en la tesis doctoral se cita, para ilustrar algunos aspectos de su parte «histórica», la obra de Paul Hazard sobre El pensamiento europeo en el siglo XVIII a la que un año antes (1946) dedicaba la reseña más extensa y detallada de cuantas escribió. Sin embargo, es en el libro inédito sobre Los procesos picnológicos, fechado en 1953 y escrito ya en Salamanca, donde encontraremos incorporadas las obras de lógica que Bueno había leído y reseñado en los años previos. Aquí se citará elogiosamente el manual de Lógica de Manuel Granell, pero también se empleará la monografía de Hönen sobre La theorie du jugement d'après St. Thomas d'Aquin y los libros de Beth, Becker y Curry serán referenciados en los numerosos ejemplos extraídos de la lógica que jalonan la obra. Del libro de Dockx, Vers une synthèse moderne du savoir, extrae Bueno la formulación de uno de sus ejemplos preferidos de proceso picnológico: el del polígono inscrito en una circunferencia con la que acaba identificándose, por un paso al límite, tras la multiplicación indefinida de sus lados. A este grupo de escritos se puede adscribir también en cierto modo el más extenso trabajo acerca de «Una nueva exposición de la silogística», aparecido en la citada Revista de Filosofía en 1951.
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Gustavo Bueno publicó los primeros esbozos de esta concepción de las ciencias a principios de los años 70. Durante las décadas de los 70 y 80, diversas contribuciones determinaron una considerable ampliación y consolidación de la teoría, por medio del análisis gnoseológico de múltiples disciplinas particulares.
Pentalfa Ediciones, al asumir la edición de los volúmenes de esta obra, consciente de lo adverso que es nuestro colonizado entorno a toda filosofía en español, recuerda las palabras del autor: «... la mayor potencia de una teoría de la ciencia respecto de las otras, no se mide tanto por el número de adhesiones o ventajas burocráticas que haya alcanzado en un momento dado, sino por la mayor capacidad para analizar, en cada caso, una ciencia o una parte de una ciencia dada.».
ARTÍCULOS
RESEÑAS
Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, Fundación Gustavo Bueno (Biblioteca Filosofía en español), Oviedo 2007, 787 pp
ISBN 978-84-934341-0-6
Es muy probable que el lector del título de este libro, El Ego trascendental, atribuya a su autor una perspectiva teológica (si recuerda el Ego sum qui sum, del Yahvé del Pentateuco) o bien una perspectiva idealista (si recuerda el Ego trascendental de la Crítica de la Razón Pura).
El Ego trascendental del que hablamos en este libro no es, en efecto, una idea teológico-bíblica o filosófico-metafísica (menos aún es un concepto psicológico, en el sentido del ego estudiado por Wundt, por Lipps o por James). Es una idea lógico material (gnoseológica), simbolizada por E, que se interpreta como el enlace entre el Mundus adspectabilis (Mi), totalizado por E, y la materia ontológica general (M).