Nadie entiende qué es eso de la Cultura, como nadie entendía antaño qué era la Gracia de Dios. La cultura es un mito, y un mito oscurantista, como lo fue el mito de la Gracia en la Edad Media o como lo fue el mito de la Raza en la primera mitad del siglo XX. En cierto modo podría decirse que el mito de la Cultura incorpora, además, a través de los nacionalismos de fin de siglo, muchas funciones que el mito de la Raza desempeñó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Se ofrecen en este tomo, tres textos posteriores al libro publicado en 2016: "La idea de cultura", "Etnocentrismo cultural, relativismo cultural y pluralismo cultural" y "Espiritualismo y materialismo en filosofía de la cultura. Ciencia de la cultura y filosofía de la cultura"
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Obras completas de Gustavo Bueno, 8. El mito de la cultura. Libro de tapa dura, 573 páginas.
Pentalfa Ediciones, Oviedo, 2024.
Cussi Yupanqui fue miembro del collana ayllu de los incans yupanquis, su vida transcurrió durante el siglo XV en el quichua-suyu; fue hijo de Viracocha inca y de Mama Runtu-Caya; debido a una serie de sucesos cosmológicos, telúricos y antrópicos ocurridos durante su vida también se le llamó Pacha-cutiy Inca. Según los documentos del siglo XVI, varios cronistas mencionan y afirman su existencia; incluso, Murúa y Guamán Poma le representaron en varios dibujos. Por otro lado, su presencia, relevancia y memoria se evidencian mediante obras materiales tales como Cori-cancha, Sacsay-huaman, Machu Picchu o Huanya Picchu, los Sucri o rucri, andenes, etc.; al respecto, diversas fuentes docuementales, monumentales, reliquias y relatos asignan estas obras a su reinado durante el siglo XV. Asimismo, considerando estas alegorías y antiguallas que emanan de dichas fuentes, en esta investigación se enfoca un caso particular: analizar, comparar e interpretar la vida de Cussi Yupanqui; a su vez, su vivencia se le relaciona con las concepciones del hombre, del mundo y del numen. Siendo así, a partir de estos presupuestos se plantea una pregunta general que guiará nuestro proceso interpretetativo: ¿Los conceptos de hombre, mundo y numen relatados en las crónicas del siglo XVI reflejan la experiencia de Cussi Yupanqui, Pacha-cutiy Inca?
El presente Tratado de filosofía de la música propone un desarrollo de las líneas generales de la filosofía del arte y de la música del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno, acotando la especificidad material de la categoría musical a partir de la reconstrucción y despliegue de la idea helénica de melos, expuesta en el libro Sobre la música de Arístides Quintiliano, desde la Teoría de la esencia genérica de la música.
De esta manera, se expone el sistema filosófico constituido por Gustavo Bueno y se realizan una serie de propuestas concretadas a partir de tres planos de estudio, a saber, el plano gnoseológico, en el que se propone un sistema de análisis de partituras a partir del desarrollo de la idea de Glomérulo acuñada por Gustavo Bueno; el plano noetológico, constituyente de una teoría de la racionalidad musical; y el plano alegórico, desde el cual se propone el estudio de las diversas formas de ejercitar las ideas que envuelven la categoría musical a partir del análisis de las velocidades de despliegue de la obra artística.
Todo ello establece la referencia de la idea de música sustantiva, la cual precisa de un material estético que concatene estos tres planos en un espacio determinado que, por otra parte, constituye la tesis de este Tratado, esto es, el espacio melológico.
En este texto polémico y radical, se propone una teoría filosófico-política del Estado y el Imperio que rechaza los cánones y mitos ideológicos de la teología liberal-moderna, de raíz moral protestante, implantada en todo el Occidente durante los dos últimos siglos, y que ha dado lugar a multitud de corrientes, sean de «derecha» o de «izquierda». Sobre las bases del realismo político y del materialismo filosófico (Baruch Spinoza, Gustavo Bueno), el autor emprende una crítica que se dirige contra las concepciones teóricas formalistas, idealistas y subjetivo-individualistas de la Contemporaneidad, e incluso alcanza a parte de la doctrina realista-materialista. En el contexto de grandes cambios mundiales que hoy se avizoran, los pueblos de civilización hispano-latina y ruso-bizantina se hallan en una encrucijada existencial crítica, sobre todo por la amenaza de desintegración político-moral que representa la totalización imperial-liberal anglosajona. Demasiado extensas para ser ignoradas, y demasiado divididas para alzarse con voz unitaria, las Españas y las Rusias, más parecidas entre sí que al resto del mundo, constituyen hoy no sólo un objeto principal de la filosofía de la historia; también un problema fundamental del presente geo-político. Este ensayo realiza un recorrido a través de las teorías políticas e internacionalistas, el pensamiento público de hispanos y rusos, la formación histórica de sus imperios y su caída, y las grandes cuestiones del mundo político actual en base a las dimensiones del poder soberano (inviabilidad de la UE, depredación liberal-capitalista, disolución socio-moral, separatismo, etc.), hasta el capítulo final, en que se aborda proyectivamente el problema político hispano-ruso y se discuten de forma razonada las vías hipotéticas de su (re)solución, que para los pensadores contemporáneos resultarán muy controvertidas. ¿Reconstitución política de los pueblos hispanos y rusos? Para el autor, esto es altamente improbable, mas no imposible.
Gustavo Bueno fue nombrado, en virtud de oposición, primer catedrático numerario de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos” de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo, por orden de 18 de abril de 1960, incorporándose a esa universidad en junio de 1960, tras haber ejercido desde 1949 en Salamanca como catedrático de filosofía en el Instituto Nacional de Enseñanza Media “Lucía de Medrano”.
Ese decreto dejaba previstas cátedras de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos” en diez de las doce universidades españolas entonces dependientes del Estado (en Murcia y Barcelona esas disciplinas las cubrirían el catedrático de Cosmología y el de Estética respectivamente). En Oviedo se había convocado en 1942 la oposición para cubrir una cátedra de “Introducción a la Filosofía”, pero, aunque se nombró tribunal, no se celebraron los ejercicios: en mayo de 1945 se abrió nuevo plazo, ya renombrada tal cátedra como “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos”, que por demoras locales interesadas no se resolvió hasta 1960.
En junio de 1973, decimotercer gobierno del general Franco, un Julio Rodríguez equivocado (Rector de la Autónoma de Madrid: parece que se quería nombrar al homónimo Rector de Salamanca, pero se difundió la biografía errónea…) se convierte en ministro de Educación y Ciencia: molesto porque los presupuestos anuales no coincidieran con los cursos universitarios, dispuso que éstos comenzasen en enero y no en octubre. “Julito el breve” fue sustituido el 3 de enero de 1974, antes de iniciarse las clases del único curso del “calendario juliano”. Pero durante ese ministerio se publicó en septiembre de 1973 una resolución que reorganizaba las Facultades de Filosofía y Letras en tres divisiones: Geografía e Historia, Filología, y Filosofía y Ciencias de la Educación; partía los cinco cursos de las licenciaturas en dos ciclos, y prescribía como materia común obligatoria del primer ciclo una “Historia de la Filosofía” en la División de Geografía e Historia, y una “Filosofía” en la División de Filología. (En la Universidad de Oviedo la División de Filosofía y Ciencias de la Educación no comenzó hasta el curso 1976-77, en Gijón, villa natal del entonces ministro del ramo.)
De manera que Bueno, catedrático desde 1960 de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos”, no tuvo que impartir hasta 1974 una asignatura rotulada “Historia de la Filosofía”. Comenzó a escribir La metafísica presocrática en el otoño de 1973, preparando las lecciones de aquel primer curso universitario, en Oviedo, de una “Historia de la Filosofía”, y dejó sentadas de manera firme las sólidas bases de una historia filosófica de la filosofía, dos años después de los Ensayos materialistas.
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Es muy probable que el lector del título de este libro, El Ego trascendental, atribuya a su autor una perspectiva teológica (si recuerda el Ego sum qui sum, del Yahvé del Pentateuco) o bien una perspectiva idealista (si recuerda el Ego trascendental de la Crítica de la Razón Pura).
El Ego trascendental del que hablamos en este libro no es, en efecto, una idea teológico-bíblica o filosófico-metafísica (menos aún es un concepto psicológico, en el sentido del ego estudiado por Wundt, por Lipps o por James). Es una idea lógico material (gnoseológica), simbolizada por E, que se interpreta como el enlace entre el Mundus adspectabilis (Mi), totalizado por E, y la materia ontológica general (M).
¿Qué es la ciencia? Para la mayor parte de la gente esta pregunta suena a pregunta retórica, porque se sobreentiende que la respuesta es bien conocida: la ciencia es eso que hacen los «hombres de ciencia», lo que nos permite «conocer científicamente la realidad», tal cual es, y controlar las astronaves que van a la Luna o a Júpiter, o bien el código genético y, muy pronto, a determinar remedios contra el cáncer o el sida.
¿Qué es la ciencia? es una pregunta genuinamente filosófica. En este opúsculo se ofrece una teoría de teorías filosóficas de la ciencia y se esbozan las líneas maestras de la teoría de la ciencia desarrollada por el materialismo filosófico en torno a la idea del cierre categorial.
La inteligencia artificial está transformando la faz del mundo a un ritmo acelerado. A los programas que juegan al ajedrez mejor que cualquier campeón humano, los asistentes virtuales, los coches autónomos y los sistemas de traducción automática, reconocimiento facial o diagnóstico médico, se han sumado los sistemas generadores de texto, imágenes o sonido, con la entrada en la era de la inteligencia artificial generativa.
Pero, ¿es la inteligencia artificial una ciencia?¿Es ChatGPT realmente inteligente? ¿Comprenden los enormes modelos de lenguaje el significado de las palabras que emplean? ¿Pueden las máquinas llegar a sustituir a los médicos o los ciéntificos de carne y hueso?
Este opúsculo reúne respuestas a estas y otras preguntas. Frente al tsunami de opiniones que diariamente se vierten sobre la inteligencia artificial, se ensaya una filosofía de la inteligencia artificial desde las coordenadas del materialismo filosófico, articulada en tres partes: gnoseología, ontología y tecnoética. El resultado es una obra que contiene un tratamiento sistemático del campo de la inteligencia artificial.
Pronto advierten los religiosos encargados de cristianizar y civilizar a los aborígenes del Nuevo Mundo que la vía más eficaz para alcanzar tal objetivo no es otra que difundirles la nueva cultura en sus «extrañas y peregrinas» lenguas. Por tal motivo, los miembros más cualificados de las distintas órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, &c.) se dedican de forma continua y constante al estudio y conocimiento profundo de sus características fonológicas, morfosintácticas y léxico-semánticas. Fruto de esta investigación son los numerosos (algunos excelentes) tratados gramaticales -artes- y diccionarios -vocabularios- que redactan, cuya composición efectúan aplicando los modelos y paradigmas de la lingüística de su tiempo. Ello no les impidió, sin embargo, y a pesar de las dificultades que encontraban, reconocer la personalidad y la «diferencia» de las estructuras y formas de los nuevos idiomas; ejemplares son al respecto los análisis gramaticales de la lengua náhuatl o «mexicana», una de las más ampliamente investigadas por los misioneros durante el período colonial. Sus obras constituyen en la actualidad fuentes indispensables y esenciales para el estudio de la lengua y cultura de los indígenas americanos.
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