Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, Fundación Gustavo Bueno (Biblioteca Filosofía en español), Oviedo 2007, 787 pp
ISBN 978-84-934341-0-6
La Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas del jesuita Luis de Molina, publicada en Lisboa en 1588, en latín, es una de las obras más importantes de la gran filosofía escolástica española del siglo XVI. En ella, siguiendo el ideal ignaciano contrario al luteranismo, pero tratando de evitar el pelagianismo, Luis de Molina intenta conciliar los dos extremos de la antinomia de la libertad en su variante teológica, es decir, omnipotencia y omnisciencia divinas y libertad humana. La contradicción entre estos dos extremos parece evidente. En efecto, si el hombre posee libre arbitrio y obra conforme a él todas sus acciones, ¿cómo puede Dios poseer un poder absoluto sobre todas las cosas? Al mismo tiempo, si el hombre posee libertad para obrar en uno o en otro sentido, ¿qué certeza poseerá la ciencia divina? Parece que la antinomia teológica resulta totalmente irresoluble. Pero Molina intentará resolverla acudiendo al concurso simultáneo y la ciencia media, que es la ciencia que Dios tiene de los futuros contingentes. La ciencia media es un concepto crítico que limita la omnipotencia divina y obliga a Dios a situarse en el mismo plano que el hombre. Así la antinomia se resuelve en un horizonte personal en el que Dios y hombre aparecen enfrentados en la lucha por la libertad. Será precisamente este horizonte el más adecuado para un tratamiento filosófico verdadero de la idea de libertad.
Juan Antonio Hevia Echevarría (Zaragoza 1974), licenciado en Geografía e Historia y en Filosofía, fue becario de investigación del Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo. Ha traducido la Apología de los hermanos dominicos contra la Concordia de Luis de Molina de Domingo Báñez y el Tratado sobre la analogía de los nombres de Cayetano.
De la Instrucción pública en España, de Gil de Zárate, es una obra ya clásica, imprescindible para la historia de la educación hasta la fecha de su publicación original, en 1855. Su autor, responsable y protagonista de buena parte de las reformas educativas que influirán no sólo en la segunda mitad del siglo XIX, sino en todo el siglo XX, tras ocupar el cargo de Director general de Instrucción pública, se dedicó tres años a componer este libro:
«No se crea sin embargo que voy a presentar una historia completa de la Instrucción pública en España. A tener este intento, otro hubiera sido mi plan, otras mis investigaciones, otro el tiempo empleado en la redacción de la obra, otro el título que le pusiera. La parte histórica no es más que en ella un accesorio; y la conveniencia de publicarla cuanto antes, ni mis habituales ocupaciones me permitían hacer otra cosa. Aun así, no habiendo tenido hasta hace pocos meses a mi disposición sino cortísimos momentos de ocio, han transcurrido tres años desde que la empecé. Debo, por lo tanto hacer una advertencia; y es que habiéndome propuesto, por razones personales, terminarla en la época en que dejé de ser director, a esa época se refiere todo lo que digo, y ha de considerarse el libro como escrito a principios de 1852.»
Gustavo Bueno fue nombrado, en virtud de oposición, primer catedrático numerario de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos” de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo, por orden de 18 de abril de 1960, incorporándose a esa universidad en junio de 1960, tras haber ejercido desde 1949 en Salamanca como catedrático de filosofía en el Instituto Nacional de Enseñanza Media “Lucía de Medrano”.
Ese decreto dejaba previstas cátedras de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos” en diez de las doce universidades españolas entonces dependientes del Estado (en Murcia y Barcelona esas disciplinas las cubrirían el catedrático de Cosmología y el de Estética respectivamente). En Oviedo se había convocado en 1942 la oposición para cubrir una cátedra de “Introducción a la Filosofía”, pero, aunque se nombró tribunal, no se celebraron los ejercicios: en mayo de 1945 se abrió nuevo plazo, ya renombrada tal cátedra como “Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos”, que por demoras locales interesadas no se resolvió hasta 1960.
En junio de 1973, decimotercer gobierno del general Franco, un Julio Rodríguez equivocado (Rector de la Autónoma de Madrid: parece que se quería nombrar al homónimo Rector de Salamanca, pero se difundió la biografía errónea…) se convierte en ministro de Educación y Ciencia: molesto porque los presupuestos anuales no coincidieran con los cursos universitarios, dispuso que éstos comenzasen en enero y no en octubre. “Julito el breve” fue sustituido el 3 de enero de 1974, antes de iniciarse las clases del único curso del “calendario juliano”. Pero durante ese ministerio se publicó en septiembre de 1973 una resolución que reorganizaba las Facultades de Filosofía y Letras en tres divisiones: Geografía e Historia, Filología, y Filosofía y Ciencias de la Educación; partía los cinco cursos de las licenciaturas en dos ciclos, y prescribía como materia común obligatoria del primer ciclo una “Historia de la Filosofía” en la División de Geografía e Historia, y una “Filosofía” en la División de Filología. (En la Universidad de Oviedo la División de Filosofía y Ciencias de la Educación no comenzó hasta el curso 1976-77, en Gijón, villa natal del entonces ministro del ramo.)
De manera que Bueno, catedrático desde 1960 de “Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos”, no tuvo que impartir hasta 1974 una asignatura rotulada “Historia de la Filosofía”. Comenzó a escribir La metafísica presocrática en el otoño de 1973, preparando las lecciones de aquel primer curso universitario, en Oviedo, de una “Historia de la Filosofía”, y dejó sentadas de manera firme las sólidas bases de una historia filosófica de la filosofía, dos años después de los Ensayos materialistas.
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Carlos M. Madrid Casado, Filosofía de la Cosmología, Pentalfa, Oviedo 2018, 392 pp.
Reúne este tomo nueve textos en torno a la democracia escritos por Bueno entre 1997 y 2008, ordenados cronológicamente, de los que el libro Panfleto contra la democracia realmente existente es el más copioso y sistemático. El primero de ellos es el artículo «La democracia como ideología», cuyo original está fechado el 10 de octubre de 1997 y fue publicado ese año por la revista Ábaco, que lo había solicitado para abrir un monográfico dedicado a Democracia y enseñanza. A finales de 2001 propone Gabriel Albiac a Gustavo Bueno componer un Panfleto contra la democracia, para La Esfera de los Libros. Bueno acepta, aunque ampliando el título a Panfleto contra la democracia realmente existente (así figura ya en el contrato editorial de enero de 2002). Culminó el borrador manuscrito a finales de agosto de 2002 y a finales de septiembre se entregó el original mecanografiado. Una vez terminado este Panfleto escribió Bueno El mito de la Izquierda (que Ediciones B le había encargado en la primavera de 2002), libro que fue publicado ágilmente por esa editorial y cuya primera edición se agotó el mismo mes de marzo de 2003 en que apareció. Sin embargo la publicación del Panfleto se demoró hasta enero de 2004 (en librerías el 20 de enero), apareciendo en febrero una segunda edición con algunas correcciones (en librerías el 26 de febrero de 2004). El texto que aquí se ofrece del Panfleto contra la democracia realmente existente restituye a sus lugares los tres «Apéndices» facticios que el editor de 2004 colocó al final, buscando liberar el cuerpo de la obra de algunas fórmulas que suponía habían de espantar a posibles compradores que hojeasen previamente el libro.
En el ejemplar de la segunda edición del Panfleto… que Bueno tenía para anotaciones, en un momento que no se puede precisar, sustituyó a mano en el título «la» por «toda»: Panfleto contra toda democracia realmente existente. No tendría sentido trasladar ese cambio al título de esta edición, pero tampoco dejar de mencionar tal hecho.
Siguen siete rasguños publicados en la revista El Catoblepas, tres de ellos en 2004, 2005 y 2006, dos en 2007 y los otros dos en 2008. En 2010 publica Bueno el libro El fundamentalismo democrático, que junto con otros textos más recientes sobre la democracia formarán otro tomo de estas Obras Completas.
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«Movido no sólo por la oscuridad de la propia materia, sino también por la penuria lamentable de enseñanzas profundas que nustros tiempos padecen», Tomás de Vio, O. P. (1469-1534), más conocido como Cayetano, escribió en 1498 su Tratado sobre la analogía de los nombres, «pues su conocimiento es necesario hasta tal punto que sin éste nadie podría aprender metafísica». Frente a la antinomia entre lo uno y lo múltiple, es decir, frente a los peligros, tanto del monismo al que conduce el univocismo escotista, como de un equivocismo que imposibilitaría todo conocimiento, Cayetano se acoge a la vía de las proporciones como único modo de salvar el conocimiento y el plano trascendental propio de la ontoteología. Será la analogía el instrumento lógico-material que le permita superar ambos peligros, pero no la analogía de desigualdad, ni la de atribución, sino la analogía de proporcionalidad, que sería la única que merece recibir el nombre de «analogía», como extensión formal de la analogía aritmética y geométrica de los matemáticos griegos.
¿Qué es la ciencia? Para la mayor parte de la gente esta pregunta suena a pregunta retórica, porque se sobreentiende que la respuesta es bien conocida: la ciencia es eso que hacen los «hombres de ciencia», lo que nos permite «conocer científicamente la realidad», tal cual es, y controlar las astronaves que van a la Luna o a Júpiter, o bien el código genético y, muy pronto, a determinar remedios contra el cáncer o el sida.
¿Qué es la ciencia? es una pregunta genuinamente filosófica. En este opúsculo se ofrece una teoría de teorías filosóficas de la ciencia y se esbozan las líneas maestras de la teoría de la ciencia desarrollada por el materialismo filosófico en torno a la idea del cierre categorial.
La Contribución a la historia de las Congregaciones de auxilis es una obra de marcardo carácter panfletario -aunque no por ello necesariamente falaz-, en la que su autor, Cornelis van Riel, como «hijo fiel» de la cismática y «jansenista» Iglesia de Utrecht, se muestra completamente deudor de la tradición jansenista y su feroz antimolinismo, como reconoce abiertamente «¿No estuvo la Iglesia de Utrecht profundamente implicada en la lucha que, desde el siglo XVI hasta el XVIII, movilizó a casi toda la iglesia occidental? Así honra como a padres espirituales a esos hombres que, como héroes de la fe, actuaron en pro del agustinismo puro. Sólo tenemos que mencionar sus nombres: Port-Royal, Jansenio, Quesnel, &c.; y mientras que, en el desarrollo posterior de la lucha, toda la Iglesia de Utrecht ha sabido mantenerse firme como portadora de la doctrina católica pura». Corenelis van Riel no dudará en revelar las «ocultas razones» que, finalmente, habrían movido a Paulo V a no condenar la Concordia de Molina y las consecuencias que de aquí se habría seguido para la Iglesia católica: «Esta Iglesia muestra un carácter jesuítico. El molinismo domina toda su doctrina. Este dominio enorme de la Compañía de Jesús es el fruto amargo de aquella debilidad imperdonable de la curia romana. La Orden de los jesuitas nunca habría alcanzado tanto poder, si Paulo V no se hubiese dejado disuadir de su intención originaria de condenar la doctrina molinista».
Gustavo Bueno publicó los primeros esbozos de esta concepción de las ciencias a principios de los años 70. Durante las décadas de los 70 y 80, diversas contribuciones determinaron una considerable ampliación y consolidación de la teoría, por medio del análisis gnoseológico de múltiples disciplinas particulares.
Pentalfa Ediciones, al asumir la edición de los volúmenes de esta obra, consciente de lo adverso que es nuestro colonizado entorno a toda filosofía en español, recuerda las palabras del autor: «... la mayor potencia de una teoría de la ciencia respecto de las otras, no se mide tanto por el número de adhesiones o ventajas burocráticas que haya alcanzado en un momento dado, sino por la mayor capacidad para analizar, en cada caso, una ciencia o una parte de una ciencia dada.».