Luis de Molina,...
Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, Fundación Gustavo Bueno (Biblioteca Filosofía en español), Oviedo 2007, 787 pp
ISBN 978-84-934341-0-6
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Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, Fundación Gustavo Bueno (Biblioteca Filosofía en español), Oviedo 2007, 787 pp
ISBN 978-84-934341-0-6
(Madrid 1606-Vigevano 1682) es el Leibniz español, que alumbra el siglo XVII español, considerado, en los manuales de nuestra Historia, como el siglo más árido en nuestro panorama científico, filosófico y teológico. Según su peor enemigo, «tenía Caramuel ingenio como ocho, elocuencia como cinco y juicio como dos». Con estas cualidades, y como buen exponente de la Edad Moderna, cultiva Caramuel todas las áreas del saber de su tiempo («de omni scibile scripsit»); mantiene comercio epistolar con todos los grandes sabios europeos coetáneos suyos: Descartes, Mersenne, Wendelino, Rheita, Kircher, Gassendi, Marci, Chigi (luego Alejandro VII), Tomás Compton, Bona-Spes, Diana, Passerino, Mendo, Gaspar Jongelincx, Conde Martinitz, Juan Hodierna, Hevelio, Tomás Cornelio, Luis de Bolea, Juan d'Espiers y otros. Su rebeldía a toda servidumbre de escuela o argumento de autoridad, así como su invocación constante de la experiencia para dirimir las disputas teóricas hacen de él el caudillo de los novatores españoles del siglo siguiente. Diego Mateo Zapata le llama, «el non plus ultra de los ingenios y erudición»; Feijoo le dedica el siguiente elogio: «Hombre verdaderamente divino, cuya universal y eminente erudición está inconcusamente acreditada con los innumerables volúmenes que dio a luz, y admira el mundo, en todo género de letras.» En esta obra de Julián Velarde se recogen las investigaciones de varios años sobre las aportaciones a la Ciencia y a la Filosofía de ese «portento de sabiduría y de fecundidad que abruma y confunde el pobre entendimiento humano» (Menéndez Pelayo). Para ello se han consultado todas las obras impresas y buena parte de los manuscritos que se conservan en el Archivo Capitular de Vigevano (Italia).
Doktor Faustus fue la última novela de Thomas Mann, y la última gran novela tal y como se concebía el género a finales del XIX y principios del XX, una de cuyas cumbres, por supuesto, fue La montaña mágica del propio Mann. Este libro de Rufino Salgero parte de la reflexión que Mann hace, en Doktor Faustus, de la agonía de esa forma de entender la novela (extendida a la música y al arte en general) y su voluntad de mantenerla viva a través del pastiche, la autocita y la racionalización. Analiza la «técnica de montaje» de Mann y la colaboración que encontró en el joven Theodor W. Adorno, aspirante a filósofo a quien había de reconocer coautor de muchos de sus pasajes, a pesar del pequeño drama familiar que le hizo ocultar el alcance de tal colaboración.
La proclamación por Abu Bakr Al-Baghdadi, el 29 de Junio del año 2014, del denominado "Estado Islámico" de Iraq y Siria, no puede considerarse un accidente de la Historia, ni tampoco la consecuencia de ninguna conspiración mundial para sojuzgar a las naciones del mundo musulmán. Todo lo contrario, puesto que semejante anuncio engrana con la tradición iniciada por el Profeta Mahoma tras la Héjira o huida de La Meca en el año 622, fundando en Medina el dawlat al Islam o "Estado Islámico", que prosiguieron sus sucesores o Califas hasta la abolición del último Califato histórico, el Imperio Otomano, por obra y gracia de Mustafa Kemal, Ataturk, en el año 1924. Las consecuencias que, para el mundo musulmán, suponen la restauración del Califato bajo la forma del actual Estado Islámico, desbordan cualquier análisis meramente periodístico o emanado de la autoridad de unos presuntos especialistas en el mundo islámico, exigiendo una crítica de más profundo alcande, objeto de este libro.
En 2008 se cumplen doce siglos de la batalla de Roncesvalles, en la que Bernardo del Carpio, sobrino de Alfonso II, rey de Oviedo, venció a Roldán, sobrino de Carlomagno, enfrentamiento que señala simbólicamente el inicio de las relaciones que a lo largo de los siglos mantendrán España y Francia. Bernardo y Roldán fueron dos de los héroes, durante siglos, de esas naciones históricas.
Cuando Carlos de Ganto llegó a España en 1517, desembarcando en Asturias para asumir la responsabilidad de regir el Imperio español, las autoridades de Aguilar de Campoo decidieron honrar al futuro emperador abriendo en su presencia la tumba de Bernardo del Carpio, y entregando a quien iba a ser el emperador Carlos I la espada victoriosa de Bernardo, el noble de Oviedo. Poco importa que se tratase de la misma espada que empuñó Bernardo o de otra espada en la que se inscribiera el nombre del vencedor de Roldán, pues lo verdaderamente importante es aquella voluntad de significar una continuidad histórica, que transcurridos entonces siete siglos, no era otra que la de España.
Es bien conocido que, en el momento en el que la historia se puso al servicio de la reconstucción de las naciones plíticas modernas, la historiografía francesa procuró negar a quien había vencido a su héroe nacional Roldán. Y la leyenda negra empañó el juicio de tantos otros historiadores y críticos españoles. Ya en 1978, cuando los roncesvallistas celebraban los doce siglos de una de las batallas allí habidas, Vicente José González advirtió, en solitario, que aquella conmemoración no se correspondía con la batalla de Bernardo y Roldán. Argumentos que poco a poco, y a veces en algún congreso de manera entusiasta, se han ido abriendo paso. Treinta años después se ofrecen en este libro la contundente reconstrucción histórica y crítica que facilitará la recuperación del papel que a Bernardo del Carpio le corresponde.
Durante los días 12, 13, 14, 15 y 16 de abril de 1982 se celebró en el Hotel de la Reconquista de la Ciudad de Oviedo el I CONGRESO DE TEORÍA Y METODOLOGÍA DE LAS CIENCIAS, cuyo objetivo primordial consistía en crear un foro académico apto para el intercambio interdisciplinar. No se trataba de instaurar una reunión filosófica más para filósofos, sino de propiciar unencuentro entre especialistas en distintas ramas científicas y estudiosos de los métodos, estructura y validez de las ciencias. Sólo a través de una puesta en común de los distintos planteamientos, informaciones y alternativas de los participantes podría llevarse a cabo un replanteamiento enérgico y eficaz, tanto de la investigación científica en nuestro país como de la comprensión de los mecanismos internos que producen realmente el conocimiento científico. Tales objetivos deberían interesar sin duda a los científicos comprometidos con su quehacer investigador como a los filósofos preocupados por la metodología y fundamentación de las ciencias. En esta primera edición se prestaría especial atención a la física, la geografía y la psicología.
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