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HISTORIA DEL PENSAMIENTO
TEATRO CRÍTICO
NOTAS
LIBROS
El Basilisco nº18 (enero-junio 1995). Revista de tapa blanda, 100 páginas.
Pentalfa Ediciones, Oviedo, 1995.
«Movido no sólo por la oscuridad de la propia materia, sino también por la penuria lamentable de enseñanzas profundas que nustros tiempos padecen», Tomás de Vio, O. P. (1469-1534), más conocido como Cayetano, escribió en 1498 su Tratado sobre la analogía de los nombres, «pues su conocimiento es necesario hasta tal punto que sin éste nadie podría aprender metafísica». Frente a la antinomia entre lo uno y lo múltiple, es decir, frente a los peligros, tanto del monismo al que conduce el univocismo escotista, como de un equivocismo que imposibilitaría todo conocimiento, Cayetano se acoge a la vía de las proporciones como único modo de salvar el conocimiento y el plano trascendental propio de la ontoteología. Será la analogía el instrumento lógico-material que le permita superar ambos peligros, pero no la analogía de desigualdad, ni la de atribución, sino la analogía de proporcionalidad, que sería la única que merece recibir el nombre de «analogía», como extensión formal de la analogía aritmética y geométrica de los matemáticos griegos.
ARTÍCULOS
Gustavo Bueno publicó los primeros esbozos de esta concepción de las ciencias a principios de los años 70. Durante las décadas de los 70 y 80, diversas contribuciones determinaron una considerable ampliación y consolidación de la teoría, por medio del análisis gnoseológico de múltiples disciplinas particulares.
Pentalfa Ediciones, al asumir la edición de los volúmenes de esta obra, consciente de lo adverso que es nuestro colonizado entorno a toda filosofía en español, recuerda las palabras del autor: «... la mayor potencia de una teoría de la ciencia respecto de las otras, no se mide tanto por el número de adhesiones o ventajas burocráticas que haya alcanzado en un momento dado, sino por la mayor capacidad para analizar, en cada caso, una ciencia o una parte de una ciencia dada.».
Gustavo Bueno publicó los primeros esbozos de esta concepción de las ciencias a principios de los años 70. Durante las décadas de los 70 y 80, diversas contribuciones determinaron una considerable ampliación y consolidación de la teoría, por medio del análisis gnoseológico de múltiples disciplinas particulares.
Pentalfa Ediciones, al asumir la edición de los volúmenes de esta obra, consciente de lo adverso que es nuestro colonizado entorno a toda filosofía en español, recuerda las palabras del autor: «... la mayor potencia de una teoría de la ciencia respecto de las otras, no se mide tanto por el número de adhesiones o ventajas burocráticas que haya alcanzado en un momento dado, sino por la mayor capacidad para analizar, en cada caso, una ciencia o una parte de una ciencia dada.».
ARTÍCULOS
Los dioses olvidados es un ensayo de Filosofía y más precisamente de Antropología filosófica y de Filosofía de la Religión; ensayo elaborado desde las coordenadas y con los instrumentos del materialismo filosófico de Gustavo Bueno. En este libro se concluye que el toreo es, esencialmente, una ceremonia religiosa, por más que el ámbito lúdico y profano en el que se manifiesta haya acabado por ocultar el contexto religioso del que brota. La conclusión, que acaso a primera vista pudiera sorprender al lector, es que lo que parece ser un debate sobre la ética, no lo es en realidad, ni podría serlo tampoco, sino un enfrentamiento que, en rigor, tiene más que ver con la religión que con la ética en cuanto tal.
ARTÍCULOS
POLÉMICA
LIBROS
Hablar del Diablo -o de Dios- supone distinguir de inmediato dos planos distintos y absolutamente diferenciados. Uno, aquél en el que se plantea la pregunta por la existencia real de ambas entidades; existencia en el entido en que usamos ese concpeto para referirnos a los objetos y entes del mundo físico. En este orden de cosas, mi respuesta es rotundamente negativa (no meramente escéptica): sostengo que-en la acepción antes señalada del término «existir»- ni Dios ni el Diablo existen. Advertir al lector, desde ahora mismo, que el presente ensayo se mueve en posiciones radicalmente materialistas y ateas, no es algo, después de todo, que esté fuera de lugar.
Y, sin embargo, el Diablo existe; pero existe -lo mismo que Dios; y este es el segundo plano al que antes me refería- como fenómeno presente en la historia de la religión. Existe como existen Osiris e Isis, Ahriman y Ormuz, Zeus y Apolo. Y, sin duda, la presencia de tales seres en la fenomenología religiosa es algo que debe ser explicado opr una filosofía de la religión que pretenda ser tal. Porque, en efecto, sólo esta segunda forma de preguntar por el Diablo -o por Dios- nos introduce en el campo de la Filosofía de la religión, en tanto que la primera perespectiva nos remite, en cambio, al ámbito de la Ontología.